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martes, 14 de julio de 2009

14 de Julio: Día de la Identidad Nacional en Honduras

Cada 14 de julio, se evoca en Honduras el "Día de la Hondureñidad" o de la "Identidad Nacional", un tema muy abarcativo que incluye tanto las diversas manifestaciones culturales que forman un todo, como las características que nos identifican a los seres humanos dentro y fuera de cada territorio.

La declaración de la Diversidad Cultural del año 2001, hecha por La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), describe la palabra cultura como las expresiones espirituales, materiales, intelectuales y emocionales de la sociedad que incluye arte, literatura, estilos de vida, sistemas de valores, tradiciones y creencias.

De acuerdo al historiador nacional Segisfredo Infante, la identidad nacional del hondureño tiene dos implicaciones históricas:
  1. La Revolución Francesa (1789) cuyo elemento fue incorporado al Himno Nacional de Honduras gracias a Augusto C. Coello (1884-1941), escritor y poeta hondureño a quien se le debe precisamente también su letra.
  2. La histórica guerra de 1969, en la que la élite salvadoreña determina invadir Honduras y se suscita pues el producido disturbio a nivel nacional. En ese mismo año, después de concluido el suceso, el Congreso Nacional de la República emite bajo Decreto No.23, oficialmente el "Día de la Hondureñidad".
Pero, ¿cuáles son los momentos en los que el hondureño demuestra su identidad nacional?. Según Infante hay muchos en los que confluyen los siguientes factores:
  • La unidad de la actividad comercial por la que se caracteriza el hondureño común
  • Unanimidad cuando juega la Selección Nacional de fútbol.
  • La memoria olfativa o gustativa, que va relacionada con la gastronomía y los recuerdos de ésta desde que somos pequeños. Muestra de ello son los platos típicos que poco a poco han ido perdiendo vigencia en las familias hondureñas, entre ellas: el tapado olanchano, arroz de maíz, el pescado seco en tiempos se la semana mayor, la "chanfaina", entre otros.
  • Lo afectivo de la niñéz (giros idiomáticos que posee cada uno desde pequeño) relacionado con los sueños que se tienen en un idioma: el español o castellano hondureño.
  • La religión, sobre todo aquella que tiene que ver con los afectos que los padres inculcan desde muy corta edad (generalmente de trascendencia católica).
  • El paisaje, es parte de los "afectos" o nostalgias visuales. Es común escuchar cada ciudadano cuando rememora con afecto cómo era antes el lugar donde nació, creció, jugó, las visitas del fin de semana, entre otras descripciones. Vale mencionar dentro de este apartado, que Honduras es un país eminentemente montañoso, cuyos árboles predominantes son los pinos (uno de los símbolos patrios de esta nación centroamericana).
  • El paisanaje: es lo mismo que la geografía humana. Son en su conjunto las costumbres, gastronomía, idioma, frustaciones, ensoñaciones, actitudes y otras particularidades del hondureño que los hace diferente de otros en el mundo. Entre esas particularidades sobresalen:
- El Ser colectivo, es decir, el ser histórico - cultural del hondureño
- El Ser mestizo, que está ligado al criterio del mestizaje. Y se determina por tres influencias
raciales: el español, indígena lenca y el negro africano o negroide. A finales del siglo XIX otras corrientes coadyuvaron a formar otras líneas de cultura como las inglesas, judías, árabes, por mencionar algunas.

En el caso del ser histórico, sobresalen en Honduras personajes como José Cecilio Díaz del Valle (1777-1834), quien fue el principal artífice -en el criterio de Infante- de la República Federal Centroamericana y quien también redactara el acta de independencia. Francisco Morazán, quien dejó legado histórico por sus acertados pensamientos a favor de la unión centroamericana y del pueblo con sus naturalezas y virtudes, capáz de echar andar lo que se propusiera.

Y otro de los seres históricos que cabe mencionar es el escritor, periodista y político Froylán Turcios, artífice de la ya popular Oración del Hondureño, la cual parafraseada contenía entre líneas lo siguiente:

Bendiga Dios la prodiga tierra en que nací!
Fecunden el sol y las lluvias sus campos labrantíos; florezcan sus industrias y todas sus riquezas emplendan bajo su cielo de zafiro. Mi corazón y mi pensamiento, en una sola voluntad, exaltarán su nombre, en un constante esfuerzo por su cultura. Número en acción en la conquista de sus altos valores morales, actor permanente de la paz y del trabajo, me sumaré a sus energías; y en el hogar, en la sociedad o en los negocios públicos, en cualquier aspecto de mi destino, siempre tendré presente mi obligación ineludible de contribuir a la gloria de Honduras.

Como valores individuales, el historiador menciona en esta fecha importante a grandes e ilustres personajes como José Antonio Dominguez, Paulino Valladares, Alfonso Guillén Zelaya, Roberto Oquelí, entre muchos destacados que hoy yacen en la gloria del Señor.

Para otros versados en el tema, la identidad nacional no es más que un concepto que resume en un todo la condición social, cultural y espacial en la que confluyen numerosos elementos que definen el escenario político y organizacional de un grupo determinado de personas. Por lo que su aplicación estriba en una sucesión formativa inculcada desde el hogar y la escuela como pilares fundamentales.

Dictan los conocedores que es indispensable por ello que la formación intelectual deberá estar en todo momento reforzada por estos y otros calificativos mencionados, para que se procure un clima de fortalecimiento y hondureñismo que se propague de generación a generación sin disipar las costumbres, tradiciones y sustancia que caracteriza a un país, en este caso Honduras.

¡Que Viva la Hondureñidad!